ANTONELLA COSTA ("GARAGE OLIMPO") 30/06/2000

1. Para una actriz tan joven como tú ¿qué significaba representar un personaje con una carga simbólica tan poderosa, nada menos que de 30.000 desaparecidos?

Bueno yo, por mi ideología y la de mis padres estaba muy contenta, por sentir que estaba haciendo algo por lo que uno cree. A mi edad (dieciocho años en ese momento), sin pertenecer a ningún partido, ni nada, me sentía con una deuda con la sociedad que quedó saldada. Luego el mayor sentido lo encontré durante el rodaje y después de hacer la película porque encontré historias muy parecidas a la mía. Yo nací en Italia, mi padre es chileno y mi mamá es argentina. Mi papá se exilió y mi mamá de motu proprio pero por las misma razones. Se conocieron en Italia y allí nací yo. Por su exilio, por abandonar el país a los cuatro años, sentí una pérdida muy fuerte (tengo mucha memoria de aquel tiempo aunque parezca mentira), un desarraigo... Esta es la primera vez que lo hablo, pero anoche estuve con unas chicas que me dejaron más tranquila con el tema. Cuando hice "Garage Olimpo" me encontré con gente y me expliqué de dónde venía el miedo al origen, el miedo a perder, de que te quiten lo que tenés, el miedo a contar tu historia, a ser la única a la que le pasa, a la incomprensión. Por eso la película marcó un antes y después, no tajante, sino en un largo proceso que modificó muchas cosas de mi vida. Encontré un casillero en una historia colectiva. Supongo que eso mismo puede pasarle a mucha gente que vea la película.

2. Marco nos ha explicado su peculiar método de trabajo. ¿De qué forma encarabas tú el devenir del personaje, con este método?

Por supuesto, el único modo de hacer un trabajo efectivo era analizar al máximo cada sensación por la que el personaje iba a atravesar. Había que desarrollarlo al máximo y tenerlo muy a flor de piel para experimentarlo en cualquier día que se me presentara. Fue un trabajo muy intenso, difícil pero grato, gratificante porque eso me permitía jugar con el ciento por ciento con cada una de las emociones por las que pasaba el personaje, sin perder la sensación de incertidumbre tan fundamental, que era la base de lo que le pasaba a esas gentes. A la vez, Marco y yo teníamos que tener plena confianza el uno en el otro. Él con un fe ciega de que yo día a día podría dar lo máximo y yo agradecida de que él pudiera confiar en mí.

3. Supongo que de ese modo resultarían aún más duras algunas escenas o situaciones que tenías que interpretar, como las del terrible "quirófano".

Sí, yo tenía una incomodidad muy concreta. Fue una secuencia que se fue rodando, mucho más de lo que luego se quedó en montaje, y era peligroso saber el límite entre la información y el morbo. Había la incomodidad de morirse de frío, desnuda, maniatada, en una situación sórdida, en un lugar espantoso. Pero al lado mío había personas que lo habían pasado de verdad. Y yo sabía que cuando decían "corten" a mí me ponían una manta encima, un beso en la frente, me daban calor y afecto. Y algunos pasaron años, o días, no importa, sin recibir eso. Y a una le daba una especie de responsabilidad de no sufrir demasiado, porque de momento estabas en un trabajo incómodo, pero no me regodeaba en el sufrimiento propio, porque sabía que era ínfimo al lado de lo que había pasado esta gente que me miraban en ese momento, ojos destruídos por la tortura.

4. De las dos líneas argumentales, la referida a la colectividad y la relación particular entre Maria y el torturador, ¿cómo te planteaste tú tu trabajo en el contexto de la segunda?

Marco me proporcionó material sobre el síndrome de Estocolmo para que por contraste supiera situarme. Porque convinimos en que Maria no sufría este síndrome, que consiste a grandes rasgos, según creo, en que la víctima cuando toma conciencia de que su vida depende de alguien que se la está perdonando, en agradecimiento se enamora de él. A Maria no le pasa esto, ella mantiene al menos su integridad. Lo primero que hice fue entender esto y saber que Maria nunca se iba a enamorar de Félix, lo utiliza. También recibí testimonio de una persona que tuvo una experiencia similar... a la que llevaban a bailar... el dominio que ejercía su secuestrador sobre ella era tan absoluto que un día le pidió que le guardara la pistola en el bolso y ella fue incapaz de hacer uso de ella. Lo que nos demuestra que no era dueña de sus actos y no pudo escapar haciendo uso de ella. De esas anécdotas fue surgiendo el personaje de Maria, cada gesto, cada cosa.

5. ¿Qué opinas sobre el final tan desesperanzado?

La verdad es que la primera que he visto la película como espectadores fue anoche y no sé si hay que sacar una conclusión muy precisa. A mí se me erizaba la piel con ciertas escenas y sentía ganas de llorar y gritar con otras. Y creo que basta con esa sensación, no hace falta sacar alguna conclusión. Basta que a uno le quede ese sabor amargo, no quiero que eso se repita, no quiero que se eso le pase a nadie, no sólo que no me pase a mí. Creo que es un mensaje sencillo que mañana nos puede llevar a luchar por algo, recordar que desde la más pequeña tortura física o psíquica no es merecida por nadie, Sean quienes sean. Eso es lo más importante.

6. ¿Qué piensa tú acerca del atentado que se produce en la película?

Si la persona que pone la bomba hubiera conocido las consecuencias tal vez no lo hubiera hecho. De haber sabido que iba a suponer el traslado y la ejecución de los prisioneros, ¿qué hubiera hecho el personaje de Chiara Caselli? Porque de otro lado el campo iba a seguir funcinando y torturando a muchísima gente. Era tal vez elegir lo menos peor. Pero esa es una teoría que también manejaban los otros, que también creen que eligieron lo menos malo.

7. Y moralmente ¿cómo lo consideras, defendible, comprensible, indefendible?

Al menos no es juzgable. Yo creo que es una situación demasiado especial. Eran jóvenes con ideales que sentían que tenían el futuro en sus manos, que en algunos puntos yo comparto, no sé si en los métodos. Pero te repito no lo considero juzgable. Cuando matan a un compañero es muy difícil decir que el asesino no merece el mismo terror que tuvimos nosotros. No arriesgo un juicio, pero tampoco lo defiendo porque yo no lo haría. Es algo demasiado delicado, Yo tengo padres que se fueron de esos países. Para los que se quedaron, los militantes hijos de desaparecidos también esto estaba mal visto, que se fueran y no hicieran nada. Lo que se podía hacer era poner una bomba y mis padres se fueron porque no quisieron ponerla. Es demasiado delicado decidir si esa bomba tenía que haberse puesto o no.

8. ¿Crees que esta película es útil, que es algo más que testimonial, que produce algún efecto?

Creo que de todas maneras habría que hacerla, aunque no fuera así. Creo que vale la pena experimentar, que estamos lejos de haber hecho todo en cuanto al tema. Es una película útil. Lo digo como una argentina joven. Yo he sido compañera de colegio, y amiga incluso, de chicos que no tenían ni idea de lo que estaba pasando en esa época, que no sabían por qué pasaba lo que pasaba. Y estaban convencidos, como sus padres, de la famosa frase argentina "algo habrán hecho". Creo que con la película pueden comenzar a saber que ese algo era dar clases a villeros (chabolistas), que se hacían cosas como robar carne y repartirla en estos lugares... todas estas cosas se purgaban en una mesa de tortura. Y me parece útil que los jóvenes se vayan enterando. Que sepan que muchas de las cosas cotidianas que ellos hacen podrían suponer lo mismo si esta gente volviera a tomar el poder. Garage Olimpo tiene un lenguaje cinematográfico muy sofisticado y a la vez es didáctica.

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