Cine e historias de tortura en la Argentina
La elogiada película "Garage Olimpo" retrata la dureza de los centros de tortura en Argentina, en uno de los cuales estuvo detenido su director,quien conversó con Qué Pasa.
Lugar
de triste memoria
"Mi expresión artística nació de la necesidad de testimoniar",
confiesa Marco Bechis (44). Nacido en Santiago, llegó con un año
de vida a Buenos Aires, donde vivió hasta que el gobierno de Videla lo
envió en 1977 a Italia, la tierra paterna. Semanas antes, había
sido detenido y trasladado a un centro de tortura conocido como "El Club Atlético".
Gracias a las gestiones de su padre -por entonces ejecutivo de la Fiat en Argentina-, Bechis se salvó de correr la suerte de los 30 mil desaparecidos trasandinos. La crudeza de dicha experiencia, sin embargo,no lo ha abandonado, al punto que más de dos décadas después terminó Garage Olimpo, filme recién estrenado en Santiago.
La cinta, presentada con éxito en Cannes el año pasado y ganadora de los festivales de Huelva y La Habana, cuenta la historia de María (Antonella Costa), joven porteña tan comprometida con educar campesinos como con la colocación de una bomba en la habitación de un jefe policial. Conducida al "Olimpo" -otro lugar de triste memoria-, advierte que uno de sus torturadores es Félix (Carlos Echevarría), quien arrienda una pieza en su propia casa y que la noche anterior le había declarado su amor.
Pese a describir episodios dolorosos, el filme no explicita los actos de tortura. Al teléfono desde su casa en Milán, Bechis argumenta que "el cine norteamericano nos acostumbró a consumir violencia de una forma que llegó a ser indolora. Mi idea era contar la violencia en serio y la manera que encontré de hacerlo era no mostrarla nunca: la violencia imaginada es mucho más potente que la que se ve". Agrega que una experiencia tan subjetiva como la tortura nunca va a ser real para el espectador. "Sólo lo es para quien la sufre. Cada segundo en un lugar así es una tortura".
A gran distancia estilística de dramas como La historia oficial, Garage Olimpo privilegia el silencio y la ausencia de sicologismos para fabricar los personajes. De hecho, el director -que niega haber hecho una cinta autobiográfica- nunca les dio a los actores el guión completo, sólo las escenas de cada día de rodaje. "Cuando un actor me preguntaba, '¿y quién soy yo?', le respondía: 'tu sicología no me interesa, lo que me importa es tu funcionalidad en la historiá".
Y si bien sobrevivientes de la represión lo ayudaron en la película, el director no permitió que se usara a los ex torturadores ("que en Argentina están libres, igual que en Chile"), como fuente de investigación. A los actores que le sugerían tal cosa los amenazaba con marginarlos de la filmación. "El cine tiene un punto de vista y en este caso es del lado de acá. Documentarme con ellos sería legitimarlos; prefiero imaginármelos como a mí me parecen".
En efecto, la gente que comete actos atroces no figura en la cinta como desquiciados o asesinos en serie, sino como empleados en su rutina. "A diferencia de lo que ocurre en Hollywood, los malos son aquí tipos sin carisma, más bien fomes y pobres de espíritu". Para este enfoque lo ayudó su lectura de La banalidad del mal, el texto de Hannah Arendt que relata el proceso al oficial nazi Adolf Eichmann -responsable del traslado de miles de judíos a los campos de concentración-, quien se defendió diciendo que su único trabajo había sido el de embarcar gente y supervisar los horarios de los trenes.
"No quería remitirme a un hecho histórico puntual, sino dejar claro cuáles son los mecanismos por los cuales el Estado ejerce la violencia contra los ciudadanos", señala Bechis, para quien dicha razón explica por qué su cinta es vista como una obra de actualidad, cuyos horrores pueden emparentarse con los de Bosnia y Chechenia. Y de paso, esto ayuda a entender por qué la reconstrucción histórica tiene tan poco lugar en el filme, que se esfuerza por no ceder al chantaje emocional ni ideológico.
El director, bisnieto de un alcalde de Punta Arenas, recorrió un largo camino para llegar al largometraje, que pasó por la fotografía y el video arte. Su primera cinta (Alambrado, 1991) es una obra parca y llamativa,que al igual que Garage... nació de un recuerdo muy íntimo: las lecturas de Coloane a las que se sometía junto a su madre. Hoy, desea que su cinta deje recuerdos a otros: "que quede un eco de la historia y que ese eco sea lo más largo posible". qp
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