| "TratŽ de que la pel’cula no fuera tan autobiogr‡fica" Por Fernanda Gonz‡lez Corti–as |
| El realizador Marco Bechis estuvo detenido en un campo de la dictadura antes de exiliarse en Italia. Garage Olimpo, que se estrena el jueves en Rosario, cambia el modo de ver ese horror. |
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Marco Bechis vive en Italia desde 1977, cuando despuŽs de estar diez d’as
con los ojos vendados en un centro clandestino, los militares lo deportaron
a la que ser’a su segunda patria. En 1984 volvi— por primera vez. A partir
de ese momento, como todo exiliado, vive entre dos mundos. De ese tr‡nsito
surgieron dos largometrajes, Alambrado --que le vali— el premio a la mejor
pel’cula en el Festival Imagi de Madrid en 1992-- y Garage Olimpo, un
film basado en su propia "desaparici—n" que logr— integrar la selecci—n
oficial del œltimo Festival de Cannes y que el pr—ximo jueves finalmente
arriba a las salas locales. --Usted se ha definido ante todo como "un
sobreviviente" ÀGarage Olimpo funciona a modo de catarsis personal? --No.
Cuando digo que soy un sobreviviente, quiero decir que sobreviv’ a una
Žpoca en la que no todos tuvieron la misma suerte. --ÀDe quŽ forma cree
que opera en otros espectadores que padecieron la misma situaci—n?, Àcomo
un recordatorio, como un an‡lisis a la distancia, como una autocr’tica?
--Tendr’a que funcionar como funciona sobre m’. La pel’cula tiene un œnico
referente que es el pasado argentino, pero el enfoque que yo le quise
dar es el de un punto de vista exterior. Yo vivo en Italia y empecŽ a
pensar en hacer en esta pel’cula cuando en los `90 me ocupŽ de retratar
la tragedia de Bosnia. Ah’ me di cuenta de que en el centro de Europa
hab’a una guerra y que los europeos continuaban con su vida normalmente,
siguiendo las alternativas de lo que pasaba en Sarajevo por televisi—n.
En ese momento vi claramente lo que hab’a pasado en mi pa’s: los argentinos
viv’an normalmente en la superficie, pero debajo hab’a otra realidad,
la de los campos de concentraci—n, la de la tortura y la muerte. Entonces
mi intenci—n fue tratar de contar la historia como si pasara hoy en cualquier
lugar del mundo y no la de reconstruir cr’ticamente el pasado argentino.
Creo que ah’ reside el secreto de la pel’cula. --ÀC—mo te acerc‡s a Garage
Olimpo? --La idea la ten’a desde hace tiempo. TratŽ de que fuera lo menos
autobiogr‡fica posible. Lo œnico que tiene que ver conmigo, con mi experiencia
directa, es el sonido, porque durante los pocos d’as que estuve preso,
lo œnico que pod’a hacer es escuchar, ya que estaba vendado. En este sentido
podr’amos decir que el nudo del film era una columna sonora que yo ten’a
tatuada en mi cerebro. A eso despuŽs le tuve que poner im‡genes, por supuesto...
-À?Durante el tiempo que permaneci— detenido, estuvo "tabicado" todo el
tiempo? --Todo el tiempo, menos una vez que pude sacarme la venda y mirŽ
a travŽs de una reja. Lo que v’ en ese momento lo dibujŽ cuando sal’ y
eso sirvi— de base para construir la escenograf’a de la pel’cula. Estos
son los œnicos dos elementos autobiogr‡ficos, todo lo dem‡s es pura ficci—n.
Es m‡s, escrib’ el gui—n con una italiana que pr‡cticamente no conoc’a
la Argentina. Es que a m’ b‡sicamente lo que me interesaba era dar una
visi—n completamente distinta de lo que hasta el momento se hab’a hecho
sobre el tema; as’ que durante todo el rodaje mi m‡xima preocupaci—n,
compartida con el director de c‡mara, fue discutir lo que no hab’a que
ver. Lo que yo quer’a retratar con mis actores era la idiota banalidad
de estos tipos, la cotidiana falta de ideas, de sensibilidad, de principios,
de todo... --ÀEso no es un poco subestimar al enemigo? --Ellos eran nada,
pero no desde el punto de vista operativo. De hecho, el funcionamiento
de los campos de concentraci—n est‡ muy bien descripto en los documentos
que se rescataron de la destrucci—n. Adem‡s, de algœn modo concretaron
su objetivo, diezmando a toda una generaci—n que ellos consideraban perniciosa.
Cuando digo que no val’an nada, hablo de su personalidad, de su idiosincrasia.
Eso lo trasladŽ con mucha fuerza al set de filmaci—n. En ese sentido,
cuando los actores por ejemplo, me preguntaban quiŽnes eran, que es algo
casi indispensable para que un actor se comprometa con su papel, yo les
contestaba que no eran nadie, que hicieran s—lo lo que yo les dec’a y
nada m‡s. --La dictadura dio mucha tela para cortar a los realizadores
argentinos durante la primer Žpoca de la democracia, Àno temi— que tocar
de nuevo el tema pudiera sonar a trillado? --Ese es el peligro del approach
a esta pel’cula. Es absolutamente normal que la gente tenga esa aprehensi—n
antes de ver la pel’cula, pero cuando la empecŽ a escribir lo primero
que me preguntŽ es si lo que yo quer’a decir ya se hab’a dicho. Cuando
descubr’ que no, le di para adelante. La historia es la que conocemos
todos, lo que cambia en esta pel’cula es el modo de verla. Adem‡s, creo
que a diferencia de los americanos, que despuŽs de la guerra salieron
a filmar los campos de concentraci—n, en la Argentina no hubo un movimiento
documental que registrara las ruinas de nuestros campos de batalla. Nadie
registr— la apertura de las fosas comunes o el descubrimiento de las c‡rceles
clandestinas. El resultado de ese per’odo son s—lo pel’culas de ficci—n,
que yo creo que parad—jicamente han filtrado la realidad. Yo quer’a devolver
esa imagen documental, as’ que toda la parte "subterr‡nea" la trabajŽ
con luz natural y c‡mara en mano, siguiendo a los actores. No as’ lo que
ocurre en la superficie, que adrede quise darle un halo de ficci—n, de
realidad de cart—n pintado. --ÀEn este sentido, nunca tuvo la tentaci—n
de utilizar no--actores, personas tal vez involucradas con el tema, que
hicieran de ellas mismas, una tendencia que crece entre los nuevos realizadores?
--No, eso creo que lo evitŽ espec’ficamente. De hecho algunos chicos de
HIJOS se acercaron para proponerme actuar en la pel’cula y no los dejŽ.
Esa confusi—n nunca la quise tener. Del otro lado pas— exactamente lo
mismo. Algunos de los actores debieron someterse a un entrenamiento especial
con un ex militar que en el '72 pas— a colaborar con la JP y ahora es
profesor de Sociolog’a. El tuvo que asesorar a algunos de los actores
que por su edad ni siquiera hab’an hecho el servicio militar. La idea
es que ninguno de los protagonistas tuvieran ningœn tipo de relaci—n con
su personaje, que se recreara todo a fuerza de pura sensibilidad. Adem‡s,
yo trabajaba sin gui—n, nadie sab’a lo que iba pasar en la escena siguiente.
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